Capítulo 4: Lo bueno de José

Entro y salgo del apartamento. Debo 3 meses de alquiler y de la vergüenza, procuro no estar mucho allí, temiendo ansiosamente que José; un portugués barrigón y desaliñado que siempre que me ve me habla en portuñol, con tono amenazante y un vete pal carajo de fondo, me encuentre en medio del pasillo y pregunte una vez más por uno de mis tormentos: las mensualidades.

Pero José tiene algo bueno que suelo recordar de vez en vez, para aliviar tensiones al menos mentalmente. Bueno, más que algo es alguien, que cada vez que la encuentro en el edificio, hace que los peos de mi vida se esfumen en tres segundos y además, se merece que la mencione en este blog-terapia que se me ha dado por llevar.

Ese alguien es Natalia Alves, hija de José.

¿26 ó 27 años?, no lo sé. A veces creo que no es particularmente linda, quizá un tanto gordita, con esa redondez que va de lo sensual a lo típico de una portuguesiña,... de ojos verdes muy redondos, algunas pecas discretas en sus cachetes y labios carnosos, para mi Natalia es todo un misterioso encanto.

Yo la verdad, sucumbo como un tonto cuando su voz gruesa y cálida, suelta casi sin mirarme ese “buenas noches” apresurado, de costumbres automáticas y frias. A media voz, respondo como puedo el saludo, e intento mirarla a los ojos, mientras sus pies la llevan rápidamente, directo al ascensor.

Respiro su perfume anidado en el aire y, con esa sonrisa tonta que ponemos los hombres mientras soñamos con las mujeres, pienso: ay mi Nati… ¿estarás disponible?

Sigo, a ver cuánto hago esta noche.

Capítulo 3: Los recuerdos a raya

Vida de vampiro. Vengo un rato a escribir en la web.

Tengo varias noches haciendo carreras sólo nocturnas, empiezo a eso de las 9 pm. y termino al amanecer, un poco después de las 6 de la mañana, cuando Caracas empieza a transformarse en la "anti-ciudad": tráfico, ruido, manifestación, anarquía... etc. Ya saben.

Como llego tan reventado, duermo casi todo el día..., es como drogarse ó emborracharse. Dormir de día y trabajar de noche además de sumergirme en el cansancio, también mantiene a raya los recuerdos. Sobre todo los de Josesito, mi hijo.

Algunas tardes sueño que estoy con él, que caminamos por un hermoso parque lleno de árboles, y que mientras él corre incansable, trepando y saltando por todas partes, yo solo logro sonreír y llamarlo para que no se aleje y vuelva conmigo... hasta que, con desesperación, veo como sujeta la mano de otro hombre alejándose lentamente, de espaldas a mí y sin escuchar mi llamado.

Sudando, es allí cuando me despierto... me baño y salgo a trabajar.

Capítulo 2: El email

Paso fugaz a media noche por el cyber de “Lucho”, vengo a revisar mis e-mails. Quizá la desdichada de mi exmujer, ha escrito para dar señales de vida, dado que, vía móvil celular no se ha manifestado, luego de 6 días.

En efecto, entro en mi buzón y en medio de los correos porno; de un par de carajos que tengo como 6 años sin ver físicamente, pero que con puntualidad británica me ponen al día de cuanta “PornStar” sale al ruedo global… justo allí entre “Divina Devon” y “Asia de tus Sueños”, aparece el email de Alicia, que copio para el conocimiento público:

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Subject: hola
Federico Arturo,

Quiero que sepas que llegamos bien a casa de Felicia. Josesito está contento y adaptándose. Fuimos a los parques estos días, …Feli nos invitó, sobre todo por el niño. Yo me siento bien, creo que fue una buena decisión, creo que tendremos un mejor futuro acá, lejos de tanta vaina en caracas.

Anota el número si quieres llamar al niño, +1 305 .. .., aunque por estos días seguro estaremos fuera, mejor hazlo por las noches. Si hace falta, te contacto por esta vía.

Suerte con “tu nuevo trabajo”.

Alicia.
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Mejor me voy a fumar.
Fede.

Capítulo 1: De brujas y niños

A veces no puedo dormir. Más de las que creo, y es que cuando llego a mi habitación luego de varias horas en el taxi, no hago sino pensar en las personas que llevo de un lugar a otro, en sus cuentos, en los míos, en las diferencias, similitudes y claro, en lo descoñetada que está mi vida, con más diferencias y ausencias que mis pasajeros.

Hace unos minutos llamé a mi exmujer –Alicia-, ¿Federico hasta cuando vas a seguir siendo un pela bolas? –dijo-, Alicia estoy trabajando desde hace un par de semanas ya te lo dije, espero irme recuperando poco a poco. ¿Cómo está “Josesito”? –pregunté-, “¿a las 3 de la mañana tú qué crees Federico? –dijo con ese tonito entre amargura y abstemia- está durmiendo, y yo también debería mañana nos vamos… ¿lo recuerdas? ¿no?.

Sí, lo sé. –respondí y la tristeza me invadió profundamente-. Por favor, llama desde casa de tu hermana para saber que llegaron bien a Miami. “Yo te llamo para darte el número y puedas llamar a tu hijo y estar pendiente de él.” –y colgó.

Bruja de mierda. No sé cómo pude, alguna vez en mi vida siquiera tocarla. Es increíble cómo cabe tanta amargura e infelicidad en un cuerpo humano, yo que pensé que luego del divorcio podríamos ser amigos, pobre pendejo que soy.

Así que vengo aquí y escribo, invadido por la impotencia y la rabia, porque mi hijo Josesito, se lo lleva la bru… digo Alicia, lejos de mí, de mis sueños… de mi vida. Y yo que pensaba que las brujas que se llevan a los niños, sólo se veían en los cuentos.